La realidad de Semillas desde mis ojos

Semillas, escuela “alternativa” del barrio de Torrero, definida como “Proyecto de aprendizaje vivencial” por los propios protagonistas. Nació como un proyecto entre familias que deseaban otro tipo de aprendizaje para sus hijos/as, y después de unos meses quedando en parques y rotando por las distintas viviendas de los/as participantes, optaron por la búsqueda de un espacio donde desarrollar los procesos de aprendizaje en comunidad. Ahora mismo está situada en el barrio de Torrero de Zaragoza, aunque como ellos mismos explican, la necesidad de encontrar un espacio más grande para un futuro próximo es ineludible.

La manera de autodenominarse como proyecto educativo resulta algo dificultoso. Existe cierto intento de omisión de la palabra “educación libre” para evitar equivocaciones enla realidad de la escuela, ya que en ocasiones, el término “libre” puede generar asociaciones ambiguas por parte de personas ajenas a esta forma de educar (suele ser la mayoría de la sociedad). Existe quienes la denominan “respetuosa” ya que aporta la base del respeto a cada ser y al medio que nos rodea, otros la llaman “viva” o “activa”… pero la realidad educativa de Semillas es mucho más que cualquier calificativo que se le quiera asignar.

La interpretación de los resultados tras los meses de participación y observación en Semillas me dirigen hacia una realidad cargada de valores, compromiso, conciencia y coraje hacia una alternativa de cambio social. El respeto, la creatividad, la libertad,las emociones, la asertividad, la diversidad, el diálogo, y sobretodo el amor y acompañamiento a los procesos vitales van tejiendo la red del día a día en la escuela. Dado que todas las personas tenemos necesidades individuales y distintas capacidades, en Semillas se entiende la diversidad como enriquecimiento, concibiendo que las diferencias personales enriquecen al grupo y al propio proceso de aprendizaje. El respeto, entendido como la base para una convivencia sana y pacífica entre los miembros de una comunidad, se convierte en Semillas en el pilar del proyecto: existe un profundo respeto a todos los ritmos de aprendizaje, a través de propuestas en vez de imposiciones; se vive y enseña la importancia del consenso y las relaciones entre todos/as son horizontales. Se respetan las conversaciones, los sentimientos, las emociones y los tiempos, y se vive el cuerpo con naturalidad.

También se da importancia a que los adultos, así como los niños/as, puedan exponer sus necesidades y del mismo modo, éstas sean respetadas por todos.

La libertad, capacidad para actuar según la propia voluntad, de forma autónoma y emancipadora, es otro de los pilares de este proyecto, ya que en Semillas se da la posibilidad de aprender a elegir y con ello vivenciar las consecuencias de las elecciones personales. Para ello se tiende a confiar en las decisiones y autonomía de los niños/as, siempre que ello se desarrolle de forma segura. Libertad acompañada desde la más pura infancia, bajo la cual tanto niños como bebés aprenden a explorar libremente, a experimentar sus propias iniciativas, a expresar sus propias necesidades, a aprender con autonomía, a comprobar la realidad por sí mismos, siempre sin hacer daño y de forma segura.

El desarrollo de la creatividad y el aprendizaje emocional, a través de la libre expresión de emociones, al acompañamiento en su gestión y canalización, ya no solo de peques sino también de adultos, o la importancia de la asertividad, como el modo de comunicación más genuino en Semillas, a través del cual se exponen las ideas, necesidades, sentimientos y derechos con respeto y de forma pacífica, hacen de la escuela un proyecto único y singular.

Los conflictos se viven y resuelven de manera sana, a través del diálogo, la capacidad de escucha, de espera, de respeto. Dando la posibilidad a los niños a que sean ellos quienes resuelvan los conflictos, se pone atención en las palabras utilizadas, en la canalización de la agresividad, en evitar cualquier tipo de daño, y en el respeto hacia la integridad del niño/a. Los conflictos forman parte de la vida, y desde Semillas se viven como aprendizaje potencial.

El día a día en Semillas comienza con el “círculo”, dinámica de apertura como hábito diario en la escuela. El “círculo” como rutina de inicio y cierre es un momento importante para todos los protagonistas de la escuela, niños y adultos. Es el momento y lugar dedicado a la expresión personal y grupal, tanto de ideas como de emociones, anécdotas, expresiones musicales, corporales, sensoriales o intelectuales. Es un momento personal, de seguridad, de sentimiento en comunidad, de compartir, de sentir, de acompañar. Y una vez cerrado el círculo comienza el juego en libertad, teniendo en cuenta que los espacios han sido preparados y pensados para cubrir las máximas necesidades en el aprendizaje de los menores. Existen espacios para jugar, para romper, para tirar, para crear, para descansar, para leer, para hablar, para gritar… y cada día surgen nuevas necesidades y los espacios se van adecuando de forma dinámica. Pero para que los entornos sean seguros, sin exigencias ni riesgos, son requeridos los límites, que cobran sentido cuando se tiene clara la relación del niño/a y el entorno adecuado para el. Existen espacios para comer, otros para gritar, para hacer ruido, otros para la concentración, y es necesario que sean respetados. Igualmente, ante el riesgo de posibles daños, se asignan ciertos límites que es necesario explicar y que sean comprendidos.

Asimismo se intenta que los peques estén lo mejor dispuestos posible para disfrutar de los espacios libremente (gorras y cremas para el sol, botas para jugar con charcos, ropa de recambio para experimentar con el agua…), aprovechando todo lo que nos ofrece el entorno para aprender. Un día a la semana está dedicado a una actividad más estructurada: una salida, un taller, una dinámica, un paseo o excursión.

El acompañamiento en Semillas es otra de sus bases. “Acompañar” se entiende como la relación que toma el adulto con los peques durante su aprendizaje. Nos alejamos del término “enseñar” o “educar” ya que “acompañar” es algo más horizontal, menos jerárquico, donde el papel protagonista del aprendizaje lo lleva a cabo el propio niño/a según sus intereses, necesidades, iniciativas, y el adulto que acompaña, le apoya en su desarrollo de forma segura, transmitiendo amor y confianza. Requiere de una flexibilidad y reorientación constante. En Semillas no solo se acompaña el aprendizaje, también las emociones, frustraciones y conflictos. La escucha activa es necesaria, ya que se requiere una escucha “más allá de las palabras”. Y el diálogo es imprescindible en dicho acompañamiento, ya que junto con la presencia silenciosa, es la principal herramienta comunicativa que se desarrolla en Semillas. Se observan diálogos y verbalizaciones constantes, explicaciones de los sucesos ocurridos en el día a día, siempre con cariño y con respeto.

El aprendizaje de la lecto-escritura o las matemáticas, es vivencial y respetuoso con los ritmos de cada niño/a. Separte de que, proporcionando los recursos necesarios, y estimulando las ganas deaprender, los niños/as por si mismos, irán aprendiendo dichos procesos, por motivación, por inquietud y ganas de conocer.

En cuanto a los adultos, la interpretación inter-subjetiva de los resultados me ofrece una lectura en clave de compromiso y conciencia social. Dado que hablamos de un proyecto educativo, estos términos hacen referencia al fuerte compromiso que el grupo deposita en la escuela, muy relacionado con un interés por un futuro cambio social. En el día a día se escuchan conversaciones sobre propuestas de mejora para el proyecto; sobre alternativas educativas basadas en el entusiasmo, en el respeto, en una educación sin amenazas; sobre el estado y necesidades de los niños y niñas; sobre una alimentación sana y ecológica; sobre la propia conciencia social. Se observa el esfuerzo psicológico, físico y emocional que requiere dicho compromiso, ya que supone la creación de una “alternativa educativa a medida”, cambiante según las necesidades de los miembros, al fin y al cabo una inversión en la educación de los hijos/as, acorde con las tendencias políticas, sociales y educativas de las propias familias. Se visualizan reflexiones constantes, dudas, movimiento interior,donde se tornan relevantes las vivencias anteriores de los protagonistas (educación recibida en su infancia, experiencias vividas, desencanto y crítica a la escuela tradicional, conocimiento de distintos proyectos educativos…)

Las decisiones son tomadas en consenso, a través del acuerdo de todos los participantes, de forma horizontal. Esto parece importante, por un lado, para tener igualdad de criterio a la hora de intervenir con los niños/as en la escuela (los documentos con los que se cuenta han sido creados en asamblea), para promover la participación activa de todos los miembros (niños/as y adultos), y  para respetar los distintos puntos de vista, y que estos a su vez, puedan enriquecer el propio proyecto. Aunque existe una conciencia de la dificultad que supone, en la escuela se opta por ello, y se propone a los niños/as a que vayan aprendiendo a tomar decisiones por consenso.

El rol del adulto en el espacio no solo es de acompañante, sino que además supone un modelo para el resto de participantes (niños/as o adultos). Por ello el respeto, la escucha, la manera de comunicar entre éstos es fundamental. Se observa el uso de un lenguaje con propiedad, no banal, con términos adecuados a la hora de referirse tanto a bebés, como a niños/as y adultos. Es sorprendente como, partir de aquí, se visualiza la correspondiente respuesta en los niños.

Pero todas estas realidades, desde el compromiso, hasta el rol del adulto en el espacio, precisan de un fuerte trabajo personal por parte del adulto implicado; un proceso de introspección para conocerse mejor a sí mismo, teniendo en cuenta su historia, sus vivencias, sus conflictos personales, sus posibles carencias…, cuya decisión ha de formar parte de la propia persona interesada. Y no solo un “desaprendizaje” para el aprendizaje personal, al parecer incluso más fuerte que el pedagógico, sino además un aprendizaje en pareja, en equipo, en familia. Es necesaria la autorregulación, el trabajo interno, el replanteamiento de vivencias, educación, infancia, de conflictos internos, para no proyectar en la infancia dificultades, miedos, imposibilidades. Se propone el despojarse de lo socialmente impuesto, de la presión que dicha imposición ejerce en el desarrollo personal, para generar una nueva posibilidad de aprendizaje en los niños, y un desarrollo libre en los adultos.

Y por la propia esencia del proyecto, parece interesante compartir ciertas dificultades que se perciben, que como todo proceso, forman parte del camino a recorrer. Además de las propias consecuencias que conlleva el compromiso tan fuerte que genera un proyecto así, el esfuerzo en cuanto a trabajo e inversión personal, tanto física como emocional; la lucha constante, que supone hacer frente a críticas, valoraciones, juicios y opiniones contrarias, en ocasiones una lucha a contracorriente; la constancia, en cuanto a la propia creación del  proyecto; también se intuyen ciertas inseguridades, contradicciones, dudas y miedos. Inseguridades en cuanto a la decisión tomada de cara a los niños/as, y contradicciones relacionadas con la propia coherencia ideológica de los protagonistas, que va más allá del propio proyecto. Miedo a la posibilidad de fracaso, miedo a la problemática legal, a ser diferente a la sociedad dominante, miedo, en un momento dado, a la soledad ante una alternativa tan fuerte al sistema establecido. Dichas dificultades, pueden convertirse en riquezas al ser abordadas por los miembros del proyecto, ya que éste, al ser dinámico, está en continuo cambio y movimiento, y requiere de un constante cuestionamiento para avanzar y mejorar.

Dado que se ha observado mayor frecuencia de conflictos bajo algunas situaciones, traducimos dichas situaciones en dificultades a nivel más práctico: el tamaño del espacio, por un lado, para algunos miembros del proyecto puede resultar pequeño y en cierto modo agobiante, o el exceso de adultos, por otro, que en ocasiones puede invadir las dinámicas llevadas a cabo por los peques.

Pero por encima de todo, hablamos de una alternativa de cambio, cambio educativo que puede generar transformación social, donde los procesos emergen de forma natural, donde el desarrollo de los niños se centra tanto en su autoconocimiento como en la emancipación, la autonomía, la libertad. Una alternativa en la que existe seguridad de lo que no se quiere, y lo que se quiere es cambiante y dinámico dependiendo de las necesidades de niños/as, adultos y del propio proyecto. Una alternativa en cuanto al consumo, en cuanto a la alimentación, en cuanto a las relaciones, la crianza, el aprendizaje, en cuanto a la vida en comunidad, en la cual ya se van observando diferencias respecto a la sociedad dominante, y en la que los valores son los principios que van orientando el proceso, coherentes con las metas y propósitos del proyecto. En pocas palabras, hablamos de una alternativa de vida, cuya apuesta educativa plantea un punto de partida para la transformación social.

Irene Domínguez Vela, septiembre 2014